1.3. Principios de actuación

El diseño y desarrollo de los programas y servicios de acogimiento residencial se fundamenta en los siguientes principios:

  • Superior interés del NNA. Como todas las medidas de protección, el acogimiento residencial deberá estar siempre justificado por ser la intervención que mejor atiende a los intereses concretos de cada NNA en un momento dado. 
  • Derecho del NNA a vivir en familia. La Convención de Derechos del Niño, en su preámbulo, reconoce que el NNA, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. De este derecho se deducen tres importantes principios del trabajo en el ámbito de la protección a la infancia y adolescencia:
  • La intervención de los Servicios de Protección deberá tener como principal objetivo la mejora de las condiciones familiares de los NNA en situación de riesgo, de modo que puedan permanecer en su propia familia siempre que sea posible.
  • Cuando sea necesaria la separación del NNA de su familia, por causa de desprotección grave, se deberá estudiar como hipótesis principal la posibilidad de la reintegración familiar. Si el objetivo de la intervención fuera esta reintegración, se deberá realizar un trabajo intensivo y coordinado tanto con los NNA como con la familia de origen para alcanzarlo en el menor tiempo posible.
  • En los casos en que la reintegración no sea posible, se procederá a agilizar todas las actuaciones necesarias para alcanzar una situación familiar estable y definitiva para los NNA, bien sea en términos de adopción o acogimiento permanente.
  • Complementariedad del acogimiento residencial. Una vez establecido que el principal objetivo de la actuación protectora es restablecer el desarrollo del NNA en un entorno familiar de bienestar, el acogimiento residencial cumple un papel complementario o subsidiario. Se trata de una solución temporal, al servicio del Plan de Caso cuya finalidad es la inserción definitiva y estable en un ambiente familiar (sea por retorno a la familia de origen o a una nueva familia). Los recursos de acogimiento residencial, aunque deben diseñarse de manera que reproduzcan un ambiente lo más familiar posible, no pueden constituirse en un sustitutivo permanente de la familia. La estancia en acogimiento residencial tiene siempre una finalidad temporal, con unos objetivos concretos a corto y medio plazo, que permitan alcanzar una inserción familiar definitiva. 
  • Las necesidades de los NNA como eje primordial. El diseño de los programas de acogimiento residencial, así como los procedimientos que se establezcan para su desarrollo, deberán basarse fundamentalmente en su capacidad para cubrir adecuadamente las necesidades de los NNA atendidos. Estas necesidades deben prevalecer sobre otros criterios como la facilidad de la gestión, el mantenimiento de prácticas y programas tradicionales por motivos de inercia, o los intereses de las personas adultas en cuanto trabajadores y trabajadoras.
  • El acogimiento residencial como una red de recursos flexible y especializada. Tanto por las grandes diferencias en las edades de los NNA a atender, como por las distintas problemáticas que pueden presentar (NNA migrantes no acompañados, trastornos conductuales y emocionales, discapacidad, jóvenes en transición a la vida adulta, etc.) es imposible disponer de un único programa capaz de dar respuesta a todas las demandas. Se requiere diseñar una red de acogimiento residencial con programas que permitan dar respuesta a los diferentes tipos de necesidades que se presentan, implicando algunos de ellos un elevado grado de especialización. El objetivo fundamental es lograr que exista una alternativa para cada NNA que cubra convenientemente sus necesidades específicas.
  • Atención integral, proactiva y rehabilitadora. El acogimiento residencial, como ambiente temporal sustitutivo del cuidado familiar, debe asumir la educación integral del NNA, con especial atención a sus necesidades afectivas y de relación. Además, en la medida en que se reserva para casos que deben ser separados de su familia por encontrarse en situación de grave desprotección, existe una alta incidencia de problemas conductuales, emocionales, de rendimiento académico y del desarrollo en general. Algunos de estos problemas obligan a prestar una atención altamente especializada en los recursos de acogimiento residencial, y se hace necesario un planteamiento proactivo, de detección temprana de cualquier dificultad que esté obstaculizando el adecuado desarrollo del NNA y de puesta en funcionamiento de los necesarios recursos terapéuticos y rehabilitadores. El tiempo de los NNA en acogimiento residencial debe ser una experiencia confortable, de buen trato, de reparación de la confianza en las personas adultas, pero fundamentalmente de potenciación del desarrollo interviniendo sobre cualquier problema u obstáculo que lo esté limitando.
  • Participación de los NNA y sus familias. La Convención de Derechos del Niño, así como la legislación estatal y autonómica, establecen el derecho de los NNA a participar en las decisiones que les afectan. En los procesos de intervención del sistema de protección es particularmente necesario contar con su perspectiva, dada la trascendencia que tienen estas decisiones para su futuro. En el desarrollo de los programas de acogimiento residencial, la participación de los NNA debe ser un eje central de trabajo, ya que no solo es un derecho, sino también un objetivo educativo. Como derecho, implica tomar en consideración sus opiniones y sugerencias en el funcionamiento de los recursos de acogimiento residencial, así como en las decisiones que les afectan (por ejemplo, elección de estudios, actividades de ocio, etc.). Sin embargo, la participación debe ser también objeto de trabajo educativo, generando experiencias de implicación personal, ayudando a desarrollar las habilidades necesarias para su ejercicio e incrementando el nivel de participación en la propia gestión de los recursos de acogimiento residencial a medida que se van haciendo mayores. Igualmente, las familias, particularmente las que se encuentran en una intervención con fines de reintegración, deben ser escuchadas y alentadas a participar muy activamente en las diferentes fases del proceso.
  • Normalización y especialización. Se trata de dos conceptos contrapuestos, ya que el primero plantea la necesidad de que los NNA en los recursos de acogimiento residencial disfruten de una vida lo más parecida a la del resto de los pares que viven con sus familias, tanto en el diseño del ambiente físico, como en las rutinas cotidianas y el acceso a los recursos de la comunidad. La especialización, por su parte, requiere la puesta en marcha de recursos diferenciados, capaces de cubrir necesidades altamente específicas que de otro modo quedarían desatendidas. En ocasiones esta especialización supone construir entornos y desarrollar programas con algunas características que los diferencian claramente de un contexto familiar. Tanto la normalización como la especialización son principios necesarios del trabajo en acogimiento residencial. Por una parte, todos los recursos de acogimiento residencial deben diseñarse de modo que los NNA experimenten, en la mayor medida posible, un ambiente familiar y tengan acceso a los recursos de la comunidad. Sin embargo, algunos programas especializados, como los centros para adolescentes con graves problemas conductuales o emocionales, necesitarán introducir algunos elementos menos normalizadores, pero indispensables para alcanzar sus objetivos. Con todo, este tipo de centros deben esforzarse por conservar el máximo nivel de normalización posible y deberán justificar claramente cualquier práctica contraria a este principio en función, exclusivamente, del interés superior de los NNA.
  • Transparencia, eficacia y eficiencia. Los recursos de acogimiento residencial deben ser transparentes, con prácticas diseñadas en un Proyecto Socioeducativo que las enmarque en una justificación teórica y una metodología coherente. Deben incorporar sistemas de registro de las principales actividades e incidencias que se desarrollen, monitorizando la evolución de los NNA mediante una evaluación continua. Tanto en los centros de gestión pública como en los de la iniciativa privada, el AMF deberá tener conocimiento directo y actualizado de la atención que se está prestando. La evaluación de resultados en las intervenciones debe ser una prioridad, de modo que se consoliden y se desarrollen solamente aquellos programas que muestren ser más eficaces y eficientes, particularmente cuando se trate de programas especializados dirigidos a adolescentes con graves problemas emocionales o conductuales, o cualquier otro que aborde situaciones especialmente difíciles.