6. Criterios para la intervención socioeducativa de calidad - haurtzaroeskuliburua
6. Criterios para la intervención socioeducativa de calidad
El diseño de los programas de acogimiento residencial y la intervención de los y las profesionales que en ellos realizan su trabajo deberán basarse en estándares de calidad internacionales o nacionales y en el conocimiento científico disponible, incluyendo siempre que sea posible prácticas que hayan demostrado su eficacia (basadas en la evidencia). Los Proyectos Socioeducativos de los recursos residenciales deberán presentar una clara fundamentación teórica de las prácticas y las intervenciones que desarrollarán.
Los estándares de calidad para el acogimiento residencial ya mencionados en el primer apartado de este apartado deberán ser una referencia permanente y obligada para los criterios de diseño y evaluación de los diferentes recursos. Cuando alguno de los estándares no se pueda alcanzar de manera satisfactoria, se deberá justificar adecuadamente.
Además de todos los aspectos concretos de los estándares aceptados en este ámbito, a continuación se establecen algunos principios del trabajo residencial que obedecen a los últimos desarrollos y modelos científicos de buena práctica.
- Intervención basada en la relación personal y vinculación
Cuando se trata de realizar un trabajo educativo continuado y con un rol muy similar al de la parentalidad, un aspecto esencial es conseguir una vinculación personal entre la persona adulta y los NNA basado en la muta confianza, el respeto y el afecto. Sin este ingrediente, las posibilidades de lograr cambios significativos en la relación educativa se reducen enormemente. Por otra parte, para muchos NNA que llegan a un recurso residencial su historial de crianza familiar ha incluido experiencias muy adversas en las que no ha habido relaciones afectuosas y de apego adecuado con personas adultas. Corresponde al equipo educativo ofrecer esta experiencia de personas adultas que suponen una fuente de apoyo y de base segura en términos de la teoría del apego.
Desde los primeros momentos de la acogida del NNA en el recurso, los mayores esfuerzos deben emplearse en desarrollar estrategias y técnicas para conseguir avanzar en la relación y vinculación personal con el equipo de profesionales y en especial con quien ejerza la tutoría. Esta deber ser la base del protocolo de recepción que ya se ha mencionado, permitiendo tiempo de contacto y actividades entre la persona tutora y el NNA.
Es muy importante que estos protocolos de recepción no se centren en presentar la extensa normativa a los recién llegados ni se establezcan primeras fases que a veces se llaman de “observación” en las que los NNA recién llegados tienen limitadas sus actividades con el resto del grupo, sus contactos, acceso a móvil, etc. Esta presentación de las personas adultas como autoridad y control debe establecerse a través de la relación personal y el vínculo positivo. Solamente en los programas específicos dirigidos a NNA con problemas severos de conducta pueden emplearse este tipo de estrategias en casos muy particulares, pero nunca como intervención generalizada para todas las recepciones.
Es muy importante que los recursos residenciales no exijan a los NNA su adaptación incondicional a unas normativas extensas y detalladas de la convivencia residencial, sin tener en cuenta sus necesidades individuales. El trabajo residencial debe adaptarse en todo lo posible a las necesidades de cada NNA para que realmente se pueda hablar de un trabajo individualizado, como establecen la normativa y los estándares de calidad.
- Intervención enfocada al trauma
Las teorías que más impacto han tenido en los últimos años en la intervención en protección a la infancia y la adolescencia, y especialmente en acogimiento residencial, son las que se refieren a tener en cuenta la historia de trauma de los NNA atendidos.
Se parte de la evidencia de que se trata de personas que han sufrido experiencias gravemente adversas en su infancia o a lo largo de su desarrollo, generando una experiencia de trauma que tiene consecuencias muy importantes para su desarrollo, especialmente la regulación emocional y del comportamiento. Las situaciones de desprotección y violencia de muy diverso tipo que han vivido generan estas experiencias de trauma.
Esta perspectiva es especialmente importante y necesaria cuando se abordan problemas de comportamiento en los NNA. Los modelos anteriores, vigentes a partir de los años setenta, han estado basados en modelos de aprendizaje operante, como la economía de fichas, en los que la vida cotidiana en los recursos residenciales se estructuraba en torno a obligaciones y normas en relación a las cuales los NNA eran reforzados o sancionados. Se desarrolló una gran cantidad de normativa, estableciendo además para los diferentes momentos del día una serie de obligaciones que iban siendo puntuadas de manera positiva o negativa, generando periódicamente un balance o una evaluación por la que se conseguían ciertas ventajas (tiempo de uso del móvil, dinero semanal, tiempo de salida, de ocio, etc.) o se sufrían restricciones en esos mismos aspectos.
Estos modelos se centraban por tanto en la conducta externa y en el cumplimiento de unas rutinas y normas preestablecidas y de aplicación a todo el grupo. Cuando existían problemas de conducta, conflicto y graves incumplimientos, la estrategia consistía para algunos programas en redoblar las consecuencias negativas (previstas en los reglamentos y normativas internas).
La intervención enfocada al trauma entiende que los problemas conductuales y emocionales son estrategias de afrontamiento que los NNA han aprendido para hacer frente a sus experiencias adversas. Por consiguiente, el cambio deberá producirse por ofrecer experiencias de relaciones con personas adultas implicadas, afectuosas y que saben plantear un equilibrio de firmeza y calidez y no mediante técnicas que buscan erradicar los comportamientos mediante consecuencias aversivas.
- Intervención basada en las necesidades de desarrollo
Este principio profundiza en la necesidad de realizar un trabajo individualizado que tenga en cuenta las características de cada NNA. Se basa en una rigurosa evaluación inicial de sus necesidades, para lo que se tendrán en cuenta los informes sociales, médicos, psicológicos, etc., y el marco que establezca el Plan de Caso que tenga establecido.
Conociendo la trayectoria de desarrollo que ha tenido cada NNA, sus experiencias adversas y las consecuencias que han tenido para su desarrollo se deberá diseñar el PSI.
La intervención basada en el desarrollo implica que los objetivos que se incluyan en este PSI deberán estar determinados por las posibilidades que el NNA tiene de alcanzarlos, teniendo en cuenta su momento evolutivo, sus capacidades y sus limitaciones.
En este principio es especialmente pertinente tener en cuenta el concepto de desarrollo próximo de Vigotsky, referido a la distancia existente entre lo que los NNA ya saben hacer por sí mismos y aquello que es posible aprender si reciben la ayuda de una persona adulta. Por tanto, es un concepto esencial del trabajo educativo porque requiere analizar las potencialidades y limitaciones y establecer expectativas, objetivos de cambio y aprendizaje para cada NNA, siempre con la intervención del educador o educadora.
En consecuencia, los objetivos del PSI deben adaptarse a cada NNA y no pueden ser universales o generales en un recurso residencial. Igualmente, la normativa que exige ciertas conductas con carácter general, estableciendo consecuencias por su incumplimiento, deben restringirse al máximo y establecerse de manera individualizada según las capacidades de cada NNA y su situación de desarrollo. Es especialmente aplicable a situaciones en las no se alcanzan los objetivos establecidos, por lo que se debería revisar si están en su zona de desarrollo próximo y se requiere cambiar estrategias, o deben cambiarse los objetivos por no estar en esa zona de alcance.
- Intervención centrada en las competencias
El tiempo de estancia en acogimiento residencial debe ser un tiempo reparador, de crecimiento y de desarrollo. El programa residencial debe diseñarse para crear espacios de convivencia que puedan convertirse en oportunidades de aprendizaje de nuevas competencias. Las rutinas y ritmos de la convivencia deben estar pensados desde esta perspectiva de aprovechar el tiempo y las actividades para desarrollar cambios y nuevas competencias, más allá de que sea un tiempo de acompañamiento y protección.
Las competencias a desarrollar pueden ser de carácter más general como las que afectan a todos los NNA en la vida diaria (tareas domésticas, pautas de autocuidado, habilidades sociales e interpersonales, etc.) o más específicas e individualizadas como las que se establecen en el PSI.
Algunas competencias son especialmente importantes según sea el Plan de Caso establecido, como dirigir las intervenciones hacia un proceso de emancipación adulta. En esta situación, la preparación en competencias y habilidades para la vida independiente deben ser prioritarias y los recursos residenciales debe disponer de técnicas específicas y programas concretos para ello (por ejemplo, programas como PLANEA, de entrenamiento en habilidades para la vida adulta). Además, los programas residenciales deben facilitar el uso de recursos como la cocina, lavadoras, planchas o cualquier otro necesario para desarrollar este tipo de competencias.
Otros ámbitos indispensables, y en los que se debe poner especial intensidad, es en el de los conocimientos y actitudes relacionados con el desarrollo afectivo-sexual o el cuidado de la salud y estilos de vida (alimentación, higiene, consumos, actitudes y conocimientos sobre sexualidad, identidad, género, etc.). Igualmente se hace especialmente necesario trabajar de manera continuada los temas relacionados con el uso de internet y redes sociales.
Para muchos NNA, las nuevas competencias esenciales tendrán que ver con la identificación, expresión y regulación de las emociones debido a experiencias traumáticas. Problemas de conducta gravemente disruptiva y agresiva, o bien comportamientos de aislamiento y retirada, pueden haberse afianzado en su desarrollo como respuesta a situaciones adversas y requerirán tiempo, paciencia y personas adultas competentes emocionalmente para ser superados.
La idea básica de este principio es aprovechar de la forma más eficiente el tiempo de acogimiento residencial para estimular el desarrollo y la adquisición de competencias mediante la creación de espacios de convivencia que promuevan nuevas experiencias y escenarios en los que los NNA se sientan seguros para explorar nuevas conductas. Todo ello basado en la relación con personas adultas que entienden que se trata de NNA que han vivido situaciones traumáticas y muy adversas y que son capaces de dar tiempo y oportunidades para que se produzcan los cambios.
- Orientación ecológica: creando un ambiente terapéutico
Las aportaciones de la ecología del desarrollo de Urie Bronfenbrenner han tenido una gran influencia en la psicología del desarrollo y debieran tener un impacto mucho mayor aún en el diseño y la práctica del trabajo en acogimiento residencial. Dado que el acogimiento residencial tiene como finalidad la creación de un ambiente para desarrollar una intervención socioeducativa que potencie el desarrollo de los NNA, las aportaciones de la ecología del desarrollo son especialmente importantes.
Los entornos que promueven el desarrollo según este enfoque son aquellos en los que los NNA experimentan relaciones afectuosas y cálidas con las personas adultas y con los compañeros y compañeras, y disfrutan del tiempo que pasan en esos entornos. Se trata de contextos en los que las personas adultas son especialmente sensibles a sus necesidades y tienen en cuenta sus perspectivas. En estos entornos, los y las profesionales trabajan y juegan con ellos, proporcionándoles experiencias y aprendizajes que son relevantes para su desarrollo.
La idea de que el acogimiento residencial debe construir un “ambiente terapéutico” (no solo para los programas especializados en problemas de conducta) tiene que ver con este planteamiento de que todos los NNA atendidos necesitan un contexto en el que puedan disfrutar de oportunidades de cambio y desarrollo, ya que la gran mayoría han vivido experiencias muy adversas. Para ello es necesario cuidar todos los aspectos que componen un ambiente de crianza.
El ambiente físico
Aunque ya se han recogido algunos principios y criterios en el apartado de emplazamiento y características físicas de este capítulo, desde la perspectiva de la ecología del desarrollo se insiste en la necesidad de crear un espacio “normalizador”, un ambiente lo más similar posible al que los NNA disfrutan en sus hogares familiares. El colorido, la decoración, los objetos personales, el mobiliario, etc. deben estar dispuestos para facilitar un sentido de identidad y propiedad. Para ello es fundamental su participación y su capacidad de elección en la decoración de espacios personales.
En particular, las habitaciones deben ser espacios de intimidad donde sentirse seguros, como ocurre en general en las familias, en las que los dormitorios, especialmente para los y las adolescentes, son un lugar privado y donde desarrollan muchas actividades de estudio, juego, ocio, etc.
Es de enorme importancia que las personas adultas ayuden a los NNA a mantener un hogar ordenado, limpio y que les agrade estéticamente, que les permita sentirse orgullosos del lugar en el que viven. Evitar que el hogar presente un ambiente descuidado, desordenado, con mobiliario roto o deteriorado es responsabilidad de las personas adultas.
El ambiente emocional y social
El ambiente emocional es en gran parte el resultado de la forma en que las personas adultas se relacionan con los NNA a los que atienden y del diseño creado por la entidad que gestiona un recurso residencial al dotarlo de una estructura y unas normas. Este ambiente se debe caracterizar por una atmósfera de confianza, respeto, dignidad, participación, compromiso, individualidad y aprendizaje. Las entidades y las personas adultas que trabajan en los recursos residenciales deben evitar el desarrollo de un ambiente de control y poder, así como los excesos normativos que generan entornos institucionalizadores y poco normalizadores. Los NNA necesitan una estructura, pero no institucionalizadora, sino como la que disfrutan el resto de sus pares que viven con sus familias o las que ofrecen familias acogedoras.
Los programas de acogimiento residencial deben evitar la creación de estructuras en las que se pautan todas las actividades del día, se establecen horarios rígidos o se crean normativas (reglamentos) muy detalladas con particular énfasis en las consecuencias por comportamientos inadecuados. Todo ello va en detrimento de la necesaria flexibilidad e individualidad en la educación de los NNA.
El exceso de normas obliga a las personas adultas a estar pendientes de aplicar consecuencias a los comportamientos considerados inadecuados, generando situaciones de conflicto frecuentes por la aplicación de estos criterios y dañando la relación personal.
El ambiente normativo de un recurso residencial de carácter general debe basarse en pocas reglas y de indiscutible relevancia, como las que tienen que ver con la seguridad personal y colectiva en la convivencia. El resto de las exigencias de buen comportamiento se deben plantear como objetivos de trabajo y adaptarse a cada caso individual y a sus posibilidades reales de cumplirlas.